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lunes, 24 de julio de 2017

Tarta de queso de la Viña



Necesitamos

7 huevos
1000 gramos de queso cremoso
350 gramos de azúcar
500 ml de nata (35 % materia grasa)
30 gramos de harina de trigo

Preparamos

1. Ponemos los huevos en el vaso y hacemos 20 segundos / velocidad 4.
2. Añadimos el queso y hacemos 30 segundos / velocidad 5. Sin retirar del vaso mezclamos con la espátula. Al terminar hacemos 20 segundos / velocidad 5,5.
3. Ahora añadimos el azúcar y hacemos 1 minuto / velocidad 5.
4. Añadimos la nata y hacemos 30 segundos / velocidad 5.
5. Añadimos la harina y hacemos 2 minutos / velocidad 5.
6. ponemos ahora la mezcla sobre un molde de aro removible. Antes colocaremos alrededor del molde papel de hornear (para subir la altura) porque cuando esté hecha subirá.
7. Horneamos 50-60 minutos a 200º.
Dejamos reposar unos minutos en el horno abierto.
Retiramos, dejamos atemperar y servimos

jueves, 20 de julio de 2017

Cake pops de chocolate



Necesitamos 

500 gramos de  chocolate negro en trozos
100 gramos de mantequilla
100 gramos de azúcar moreno
1 huevo
100 gramos de harina de trigo
10 gramos de cacao en polvo
10 gramos de aceite de macadamia

Preparamos

1. Precalentamos el horno a 170°.
2. Ponemos en el vaso los  100 gramos de chocolate y la mantequilla; hacemos  3 minutos / 50° / velocidad 2.
3. Añadimos el azúcar y el huevo, hacemos 10 segundos / velocidad 4.
4. Ahora añadimos  la harina y el cacao, hacemos  20 segundos / velocidad 3. Bajando los restos que hayan quedado en la pared del vaso.
5. Hacemos de nuevo 10 segundos / velocidad 3.
6. Insertamos los palos de madera en los moldes de hornear los cake pops. Rellenamos con la mezcla. Horneamos durante unos 15 minutos. Hasta que comiencen a agrietarse.
7. Retiramos del horno y dejamos atemperar. Ahora los llevamos al congelador durante unos 20 minutos. De esta forma los retiraremos mejor de los moldes.
8. Colocamos en el vaso el resto del chocolate y aceite; hacemos 3 minutos / 50º / velocidad 1.  Al terminar hacemos 30 segundos / velocidad 4. Transferimos a un vaso alto y estrecho.
9. Retiramos los pasteles de los moldes y los sumergimos en la mezcla de chocolate. Los iremos colocando sobre una bandeja de horno forrada con papel de hornear.  Adornamos. Los dejamos reposar al menos una hora a temperatura ambiente o en nevera.

miércoles, 19 de julio de 2017

Sobaos al ron



Necesitamos

250 gramos de azúcar
250 gramos de mantequilla en pomada
3 huevos
250 gramos de harina
1 sobre de levadura
La ralladura de 1/2 limón
Una pizca de sal
2 cucharaditas de ron

Preparamos

1. Precalentamos el horno a 180º. Calor arriba y abajo, sin ventilador.
2. Ponemos en el vaso el azúcar y la mantequilla. Hacemos 3 minutos / velocidad 3.
3. Hacemos de nuevo 3 minutos / velocidad 3. Al tiempo que vamos incorporando los huevos por el bocal de uno en uno y el ron.
4. Añadimos ahora la levadura y la harina tamizada. Hacemos 30 segundos / velocidad 4.
5. Ahora ponemos la sal y la ralladura. Hacemos 30 segundos / velocidad 4.
6. Vertemos en moldes individuales o en uno grande forrado con papel de hornear.
7. El tiempo dependerá del molde, entre 15 y 30 minutos. Una vez que la superficie se dora pinchamos y comprobamos. No conviene pasarse en el tiempo para evitar que queden secos.

El micromachismo de la Thermomix




Fuente: Pablo Alcázar - Granada Hoy

Los hombres, obligados a guisar, utilizan la Thermomix, el robot alemán de cocina, para dárselas de expertos


Cuando el calor alcanza los 45 grados, es que no se me ocurre nada y termino escribiendo de salsas o sopas frescas como el gazpacho o la vichyssoise. El verano pasado, en primicia mundial, dimos en estas páginas la receta del salmorejo de tomates y zanahorias. Nos la proporcionó de viva voz una mujer en la frutería. Todo no está en Arguiñano. La transmisión de recetas la sigue haciendo la mujer oralmente, como siempre. Aunque los hombres, que no quieren quedarse atrás, también se atreven ya a compartir la composición y la elaboración de un plato. Ayer, un jubilado me detalló en el tenderete de mi frutero cómo freír los pimientos verdes. Me insistió en que los dejase cocer en el aceite a fuego lento y que, antes de consumirlos, les echase un escrúpulo de sal gorda. Hizo hincapié en que la sal fuera gorda. Hacía mucho calor debajo del toldo de Salvador. Tenemos ya tanta confianza que nunca me pesa lo que llevo y me cobra siempre la misma cantidad: dos euros. Lo comido por lo servido. Unas veces gano yo, otras, él.

La mujer del salmorejo del verano pasado, como una diva del bel canto, cuando acabó el recitativo de los ingredientes, nos advirtió que ella no usa pan, porque engorda y que lo ha sustituido por 250 gramos de zanahorias, por cada kilo de tomates. Aseguró que le sale finísimo, como un salmorejo de caramelo, aterciopelado, como si fuera la crema pastelera de los tomates. Cuando le pregunté si había adaptado ya su receta a la Thermomix, el robot de cocina alemán, me miró como a sacrílego y no se dignó contestarme. Comprendí que, además de bella, era inteligente y que se había dado cuenta de que la Thermomix es un instrumento del Patriarcado, de los hombres que ahora se ven obligados a guisar, bien porque están solos o porque les ha empezado a gustar andar entre fogones o, simplemente, porque en el reparto de tareas del hogar les corresponde cocinar lunes, miércoles y viernes; y que usan la Thermomix para, de salida, hacer comidas aceptables con sólo atenerse a las prescripciones de temperatura, velocidad y tiempo del recetario. Ese robot convierte al varón más torpe en un aspirante a MasterChef, sin haber tenido que aprenderse las recetas de su madre ni practicar, como los dioses antiguos, nada más que el sencillo arte de asar carne. Desde hace 150 años, estos recién llegados al reino de las cocinas, o los "expertos", (es decir, científicos varones) han irrumpido en lo que era un dominio femenino -el cuidado del hogar, de la salud, de la familia, del embarazo, del parto, etc.- y, con la excusa de la ciencia, han desalojado a las mujeres del control de ámbitos que sólo ellas administraban. La Thermomix, en muchas ocasiones, se ha convertido en un instrumento micromachista en manos del hombre empodereado. Yo mismo he terminado por cocer los huevos de ocho en ocho en ese caballo de Troya del poder masculino. Y todos me han sabido a gloria.
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